Uno de los deseos más hondos del corazón humano es ser conocido y amado. Todos anhelamos que alguien nos comprenda de verdad, con todo lo que somos, y aun así nos ame. En el Evangelio de hoy, Jesús nos revela que ya tenemos a Alguien así: Dios nuestro Padre. Él les dice a sus discípulos: “Hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por eso, no tengan miedo”. El conocimiento que Dios tiene de nosotros es tan cercano, tan completo y tan lleno de ternura, que nada de nuestra vida escapa a su mirada amorosa.
Dios nos conoce hasta lo más profundo. Conoce las heridas que cargamos desde el pasado. Conoce las cargas que llevamos hoy. Conoce los miedos que no le contamos a nadie. Conoce también esos sueños que apenas nos atrevemos a decir en voz alta. Y aun sabiendo todo de nosotros, nos sigue amando. Ésta es una de las verdades más hermosas del Evangelio. El amor humano muchas veces depende de lo que otros ven en nosotros. El amor de Dios es distinto: Él lo ve todo, y aun así nos ama con un amor fiel y misericordioso.
La primera lectura nos presenta al profeta Jeremías rodeado de oposición y traición. Se siente incomprendido y atacado. Sin embargo, no pierde la esperanza, porque sabe que Dios ve lo que los demás no alcanzan a ver. Dios conoce la verdad de su corazón.
Muchos de nosotros sabemos lo que se siente ser malinterpretados. A veces la gente nos juzga por un solo error, por un chisme, por una apariencia o por algo que no conocen bien. Pero Dios mira más adentro. Él ve a la persona que está detrás de las caídas. Ve al hijo, a la hija, que Él creó y que ama profundamente. Por eso Jesús nos repite: “No tengan miedo”. El miedo muchas veces nace cuando sentimos que estamos solos, olvidados o abandonados. Pero si Dios nos conoce por completo, entonces nunca estamos solos.
La Cruz es la prueba más grande de que Dios nos conoce y nos ama. Jesús no murió por una humanidad ideal, perfecta y sin problemas. Murió por pecadores reales, por nosotros, con nuestras luchas, heridas y sufrimientos. Él cargó con nuestros pecados y conoce desde dentro la condición humana. El Sagrado Corazón de Jesús nos conoce hasta lo más profundo y nos ama sin medida.
El Señor nos dice hoy: “Yo conozco tus luchas, tus miedos, tus desilusiones, tu corazón. Y no he dejado de amarte”. Hay una gran libertad cuando nos sabemos conocidos por Dios. Ya no tenemos que escondernos detrás de máscaras ni aparentar ser alguien que no somos. Podemos acercarnos a Él tal como somos, confiando en su misericordia, sabiendo que nuestro Padre nos conoce hasta lo más profundo y que somos preciosos a sus ojos.
¡Dios es bueno, todo el tiempo!
Padre Tony Udoh, MSP
Pastor de Holy Family

