"Denles ustedes mismos de comer" (Mt 14,16) Campaña Cooperativa Misionera

El Evangelio de hoy se proclama en un día en que nuestra Parroquia se une a la Iglesia universal para celebrar el Domingo de la Campaña Cooperativa Misionera, al dar la bienvenida a los Frailes Franciscanos. Esto es más que una colecta para recaudar fondos. Es un recordatorio de que la Iglesia es misionera por su propia naturaleza. Desde el día de nuestro Bautismo, cada uno de nosotros ha sido enviado a llevar a Cristo al mundo.

Los discípulos miraron a la multitud y solo vieron escasez. Cinco panes. Dos peces. Miles de personas hambrientas. Su solución era sencilla: "Despídelos." Pero Jesús se negó a despedirlos. En cambio, desafió a sus discípulos: "Denles ustedes de comer."

Esas palabras siguen dirigidas a la Iglesia hoy. En todo el mundo, millones de personas tienen hambre: no solo de pan, sino del Pan de Vida. Tienen hambre del Evangelio, de los Sacramentos, de esperanza, de educación, de atención médica y de la dignidad que nace de saberse hijos amados de Dios.

Los misioneros son las manos y los pies de Cristo en lugares donde la Iglesia es joven, pobre, perseguida o está luchando. Construyen Iglesias, celebran los Sacramentos, educan a los niños, cuidan a los enfermos, acompañan a los refugiados, defienden la dignidad de los pobres y anuncian a Jesucristo donde su nombre apenas ha sido escuchado.

La tentación es decir: "¿Qué diferencia puede hacer mi pequeño donativo?" Esa fue la pregunta de los discípulos. "No tenemos más que cinco panes y dos peces." Pero Jesús nunca nos pide dar lo que no tenemos. Nos pide poner en sus manos lo que sí tenemos. El milagro no comienza con la abundancia, sino con la generosidad. Lo que parece insignificante en nuestras manos se convierte en bendición en las suyas.

La misión no es solo para sacerdotes, religiosas o misioneros en países lejanos. Todo cristiano bautizado es misionero. Algunos son enviados cruzando océanos; la mayoría somos enviados cruzando la calle. Algunos entregan su vida; todos estamos llamados a ofrecer nuestras oraciones, nuestro testimonio y nuestra generosidad.

Hoy, al dar la bienvenida a los Misioneros Franciscanos, recordemos que nuestra contribución no es simplemente una donación. Es un acto de fe. Ayuda a que otro niño reciba educación, otra familia escuche el Evangelio, otra comunidad celebre la Eucaristía y otra persona encuentre la misericordia de Cristo.

¡Dios es bueno, todo el tiempo!

Padre Tony Udoh, MSP

Pastor de Holy Family